09/01/2015. Viernes 2:39 AM.
Buenos Aires, Argentina.
Acabo de llegar de un cumpleaños familiar, de un niño de unos diez años (creo). Esos cumpleaños a los que debes asistir para poder sentirte bien con la persona que organizó, que hizo todo con mucho esfuerzo y amor. Pasadas las doce intenté organizar algo, intentar socializar con alguien, en una noche de verano increíblemente cálida, con algún amigo, alguna persona que me interesase, quedar con alguna chica; salir a algún bar, discoteca, boliche. Después de varios minutos y varias cervezas, comprendí que estaba solo en esto. No tenía una chica con quien hablar, tampoco un amigo con quien salir.
Hace tiempo que mi autoestima está por el suelo, y que todo lo que toco se convierte en cenizas. Hace tiempo que observo el terreno, pero no intervengo. No intervengo por miedo a perder, por miedo a que rompan mi escudo y penetren mi armadura. Miedo a quedar vulnerable al mundo real, miedo a que la sociedad se ría de mí. Pánico a que la gente descubra mi verdadero plan, a quedar mal adelante de una mujer por decirle algo, a que no me quiera, a que se burle ella y todo su entorno.
Esto se debe a una cadena de malas experiencias. Perdí muchas batallas en muy poco tiempo. Las perdí en todos los terrenos, en el amor, la amistad, en las discotecas, en bares, por Whats App, etc. Todas estas cosas dañaron mi autoestima, tergiversaron la información que entraba a mi cabeza, destrozandome y llenándome de malas energías, capaces de hacerme sentir un ser vacío y sin ganas de vivir. Nuevos ligues, viejos ligues, ex-novias, mujeres interesadas en mí, y hasta amistades, fueron destrozadas por mi forma de manejarme. Todas me rechazaron, de la más fea a la más linda. Una forma débil y siniestra, incapaz de comunicarse de una forma natural, para poder servirse de un falso ego inexpugnable. Esto y la autodestrucción, es lo mismo. No pude mostrarme natural con estas personas, las aburrí, les otorgué todo lo que necesitaban para poder estar seguras de que yo era un imbécil: seriedad, inseguridad, sumisión, realidad, pesimismo, bondad.
Hace tiempo que estoy tratando de buscar una estética perfecta, como la de un actor de cine o un artista; con tatuajes, detalles, peinado moderno, ropa elegante o diferente, zapatos, barba recortada, accesorios, en fin, todas esas cosas que uno cree que le van a gustar a las mujeres. Adivinen, nada de esto sirve, por qué la verdadera imagen está arriba gente, en nuestra cabeza; el resto es complemento.
Hoy toqué el fondo con mis propias manos. Entendí por completo que mi vida social es una completa mierda, y por sobre todas las cosas, que es pura y exclusivamente culpa mía. Pero, ¿saben qué? Me siento más vivo que nunca, encontré el motor, el elixir que me da las ganas de seguir: pienso tomar las riendas, tomar el timón y pegar un giro de 180º para poder encontrarme y encontrar a las mujeres con las que siempre soñé. Hay una frase que dice mi papa (un ser muy especial, que poco conozco en realidad) que no es lo más brillante del mundo, pero tiene mucha verdad "Hombre cobarde no coge mujer bonita". Esta bella frase se me ocurre mezclarla con una de mi querido amigo Disney (si, el de mickey, el congelado) "Preguntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana". No, no me acerca. Si, soy cobarde, no tengo mujer bonita. Por eso este cambio, por eso esta reflexión.
Los que no se arriesgan a romper con el matiz gris, jamás van a conseguir la mujer de sus sueños, ni el objetivo más anhelado. Viven en una nebulosa de conformismo y confort. El éxito hay que visualizarlo, trazar un plan, plasmarlo, y los resultados llegaran con el tiempo.
Hoy empieza la búsqueda, La crónica de la Depresión y la Seducción. Dos amigas muy intimas.
Pienso tomar nota de seductores anteriores, aplicar sus consejos, sacar una conclusión, formar mi propio método de seducción, y lograr una comunicación más sana; para poder vivir plenamente y sin tener que plantearme estas cosas, dejando que fluya mi verdadero ser.
Voy a meterme en el juego mañana mismo. Dejaré detallado en papel cada derrota y cada acierto en mis próximos acercamientos a mujeres y grupos, el lugar en el cual me moví y la forma en que lo hice. Ojalá le sirva a alguna persona que se encuentre en la misma situación que yo.
¡Saludos a todos!
Gonzalo
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